ALBA LLALEC
El aborigen Marcelino Gonzalez, de 53 años, nació en Formosa. Su sangre es guaraní aunque es toba por elección desde los 18 años. Defiende los derechos de su pueblo, reniega de lo que el hombre blanco le hace y afirma que este tendría que mirar más a su cultura.
“El único eslabón de unión entre toda Latinoamérica es lo indígena, lo otro sólo separa”, sostuvo con euforia Marcelino en una entrevista exclusiva para Muchas Nueces. Y agregó, haciendo una cita sobre una frase de Lito Nebbia, que “si la historia la escriben los que ganan eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia, quien quiera oir que oiga”, a modo de introducción la relato sobre la historia de su vida.
Una historia para conocer
Marcelino actualmente vive en la localidad de Adrogué, partido de Almirante Brown. Esta casado con una mujer criolla, tiene cuatro hijos y un nieto. Su particular historia comienza a los 15 años cuando, al notar algo raro en la actitud de su madre cuando el hablaba algunas palabras en guaraní, decide investigar sus orígenes.
Viaja hacia Uruguay, país del que era oriundo su abuelo, quien le había enseñado a hablar esa lengua. Al descubrir que su sangre era efectivamente guaraní, tuvo que decidir si volver con su madre, quien renegaba de sus orígenes y no permitiría que él se acercara a estos, o quedarse allí a vivir con “su gente”. Su elección fue la segunda opción, aunque por poco tiempo.
Al tiempo se muda al pueblo Sombrero Negro (hoy inexistente) en la provincia de Formosa para acercarse a una comunidad toba allí asentada. Ya con 18 años, luego de lograr la confianza que buscaba, el cacique de la comunidad le propuso realizar el “ritual de la hermandad”. Este rito marcó la mutua adopción entre Marcelino y la comunidad. Representa el máximo ejemplo de respeto, aunque en la mayoría de las comunidades ya no se practica.
Fue en ese mismo momento que decidió bautizarse con el nombre de Alba Llalec, hijo de la tierra en lengua toba. Hoy, sus dos hijos varones llevan el mismo nombre, así como el grupo musical conformado por los tres.
En la actualidad y desde hace años, la familia Gonzalez vive de las presentaciones que ejecutan por su música y de las artesanías que realizan, entre las que encontramos instrumentos musicales, mates, colgantes, entre otras cosas.
El hombre blanco
Marcelino criticó la política o el modo de actuar del hombre blanco para con su pueblo y con todos los aborígenes en general. “El hombre blanco ocupo el territorio, no nuestra tierra”, sostuvo.
Incluso, lo que propuso fue que el hombre blanco mire más al aborigen porque este lucha por el territorio no para destruirlo sino para proteger la naturaleza “que nos da la vida”.















