EL CANTO "VALLISTO"
El canto con caja integra un ritual sagrado y festivo de la cultura andina. Sagrado en sus épocas de siembra, cosecha y marcación del ganado donde se ruega la abundancia y el “multiplicado de la hacienda”. Festivo y desmesurado en sus carnavales. Allí culminan todas las expansiones del canto y la danza, y la vida peligra olvidando su ritmo ecológico.
El canto y el tambor llamado caja desatan la reserva natural del indio y su comunidad. Todo libera, en especial los reflejos del mito y la leyenda, la poesía de la vida entre sus cerros y soledades donde los pastoreos del hombre y de la mujer cosechan silencio y sabiduría.
Comunión y alabanza, unidad con el universo refleja ese canto de siglos. Canto comunitario de alma colectiva pero tambien de “solistos” que se desangran, o dúos en lamentos de vidala. Y abundan los contrapuntos de mujer y de hombre que muestran como se aman o se desprecian.
La copla triste que habita en la puna
Canto vallisto, bagual, vidalita y vidala. Ritmo, colorido y sentidos de un canto ancestral que se perpetúa en la gente del noroeste
Arriba, en los altos cerros rocosos y abajo, en las llanuras áridas del noroeste argentino, suele soplar el viento, llevando y trayendo consigo un canto milenario, un quejido triste que parte de la voz de los habitantes de la puna. Desde el fondo de los tiempos, el canto vallisto ha habitado cada rincon de la region. Festivo y sagrado ritual de las culturas andinas, el canto coplero, con acompañamiento de caja, ha servido para pedir a las divnidades buenas cosechas y abundancia en el gaado. Los pastores, hombres y mujeres, han acumulado sabiduria en el silencio de los parajes que habitan y le han dado forma a los mitos y leyendas en la dimension de su poesia, transformandola en tonada triste. Esta expresion musical se extiende desde algunas regiones de Ecuador, bajando por Bolivia, Perú, chile, hasta adentrarse en Argentina. En nuestro pais, este ancestral canto, se perpetua en regiones como Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero.
Dividido en tres segmentos, el canto vallisto se compone principalmente de Bagual, Vidala y Vidalita. La Baguala, perteneciente al cancionero antiguo de los pueblos andinos, se construye en su melodia de tres notas y su letra sencilla construida en coplas de romance, suele enunciar estados del alma, sentimientos, preocupacion y dudas.
La Vidalita, melodia compuesta en compas binario, es triste y a su vez lenta. Desciende del Yaraví, voz de origen incásico, que en la cultura quichua le dio origen al relato cantado. Su nombre nace dela palabra vida, que en el norte es usada comunmente en tono cariñoso como vidita o viditay, que a su vez proviene del posesivo quichua viday-vidalitay. Con tono melancolico, desarrolla principalmente temas como la tristeza, la lejania, las esperanzas truncas o los amores insatisfechos
Desde el alma
La Vilada, en cambio y a diferencia de la Vidalita, es un canto mas largo e intimo, siendo mas grave su música. Sus letras suelen tener un sesgo de mayor profundidad, intercalando entre los dejos de tristeza ciertos estribillos o coplas enteras.
Esta expresion de musica y canto, que a lo largo de los siglos se ha ido nutriendo de tradiciones españolas, refleja una mancomunion de lindividuo con su universo, destacando la reserva natural del mismo. No solo suelen cantar los solistas, los duos o las comparsas, sino que tambien el pueblo todo, reunido en rondas, puede lanzar sus lamentos a grito detemplado. Los contrapuntos de hombres y mujeres dejan percibir amores u odios y tambien desprecios y rencores. Es la palabra del alma que se hace vida en la copla para poder expresarse. Es la voz de Geronima Sequeira, la bagualera, que siendo ya mujer grande, llego a la ciudad y se asusto con los automoviles y sus luces, y quien ante la presencia de la muerte, victima del mal de chagas, lanzo un grito gutural. Son todos los octubres en la Manka Fiesta, en Salta o en los carnavalitos, donde los habitantes de la Puna, se dan cita para intercambiar artesanias o parta celebrar sus creencias, motivo mas que dsuficiente para dejar paso a la reunion, la comida, el baile y el canto. Todas las noches, durante el transcurso del evento, en un circulo de ronda, hombres y mujeres se dan cita para dejar escapar sus coplas entre melancolicas y tristes. Los varones, con el acompañamiento de la caja, un instrumento semejante a un tambor y que se ejecuta con una delgada varilla, van en busca de su conquista y si la mujer responde a la copla, en un extraño y hermoso juego de contrapuntos, se deja paso al noviazgo, ante las miradas silenciosas de los testigos ocacionales. Asi lo testifica Walter Sanguezo, oriundo de Oran, quien no conoce las letras porque jamas pìso una escuela, ya que la baqueania y el pastoreo lo convocaron desde muy niño y Walter no tuvo modo ni tiempo de poder elegir. A los veinte años, y en medio de la fiesta de la Cacharpaya, Walter sintio que el corazon se le desbocaba del pecho, y las coplas le florecieron como palomas de la boca y aunque no conocia la palabra escrita, dejo brotar poesia, en estribillos de amor. Dos años, y muchos dolores sin contrapunto, lo llevaron a desesperanzarse, pero el hombre Vallisto no conoce de cansancios ni renunciamientos y el premio le llego el dia en que la muchacha, entre avergonzada y vencida, termino animandose, le arrebató la caja de las manos y se metio de lleno en el contrapunto. El corazon de Walter le bailo de gusto, mientras las coplas surcaban el aire, entre el olor de los tamales y el perfume, solo por el percibido, de la mujer amada. Desde entonces, Walter y Silvia han concebido cuatro niños, que como ellos se dedican al pastoreo por los cerros, las serranias y los cañadones.
Cantando las raices:
Fue Leda Vallares, la folclorista e investigadora Tucumana, quien se adentro en los confines del pais, yendo al rescate de estas tradiciones musicales populares, que parecian a punto de extinguirse. Luego de mas de diez lustros recorriendo el noroeste, armada de un grabador de mano, esta mujer abnegada e intuitiva, plasmó su búsqueda en un libro que lleva por titulo Cantando las raices. Asi mismo, se reunió con varios músicos, provenientes en su mayoria del ámbito del rock, entre los que se destacan Leon Gieco y Gustavo Santaolalla, dispuesta a inculcarles el canto vallisto o el "canto con tripas", como le gusta nombrarlo a ella.
La acepción del termino folclore significa "el saber del pueblo" y trae consigo mecanismos heredados de nuestros mayores, conservándolos a través del tiempo. Es por ello que el canto vallisto, envuelto en el zumbido del viento y jugando entre cañadones y quebradas, esta dispuesto a quedarse, a regresar en la voz de los pastores, que entre balidos de ovejas, dejan escapar sus coplas que nacen desde los confines del corazón, dispuestos a sacudir el alma.
Más, ¿pa qué?:
Una comparación de Atahualpa Yupanqui entre los versos de la Pampa y de los copleros del norte ilumina el porque de cada estilo: "La milonga es de la pampa y el hombre de la pampa usa rollo largo para enñazar porque no tiene obstáculos, el norteño tiene piedras y por eso usa el rollo corto. Mucho lazo, galope abierto, un señor de a caballo en la pampa, es un dominador de espacio, entonces cuando toma la guitarra no canta dos minutos, usa cuatro décimas, canta diez minutos porque tiene llanura y tiempo.
Además no tiene supersticiones, no tiene misterios: como la pampa no tiene eco, no le devuelve la voz, se la traga. La montaña si le devuelve la voz al indio y el indio se llena de miedo, vive con los fantasmas, nunca vio salir ni ponerse el sol, lo vio a las diez de la mañana cuando paso la montaña y a las tres de la tarde cuando se fue...Todas esas cosas van entrando en las oscuridades de su mundo y se traducen en su canto; Por eso el montañés usa la copla de cuatro versos porque "mas, ¿pa que?"...















